Clase invertida, profesores mareados

Clase invertida, profesores mareados

La estrategia del aula invertida implica cambiar la concepción del docente. ¿Estamos preparados?

Innovar es un verbo que, a primera vista, sólo tiene connotaciones positivas. Cuando pensamos en innovar, pensamos en buscar, descubrir, arriesgar, mejorar. Pero no todo el monte es orégano. Innovar significa cambiar y cambiar siempre implica desafiar lo que está establecido y que, aparentemente, funciona.

Hay muchas aplicaciones de las nuevas tecnologías en el aula que modifican algunas dinámicas educativas, pero el funcionamiento de la clase no se altera. Es decir, en el aula aprendemos conceptos y los aplicamos en casa haciendo los deberes. ¿Y si le diéramos la vuelta a todo? Y si pasáramos a aprender conceptos en casa y aplicarlos en clase? Esto, una innovación en toda regla, se llama clase invertida (flip classroom) y ya se pone en práctica en muchas escuelas de Estados Unidos e Inglaterra.

Esta estrategia didáctica es idea de Jonathan Bergmann y Aaron Sams, dos profesores de química que coincidieron en un instituto de Colorado. Por una parte, el aula invertida propone que los alumnos estudien los conceptos en casa, viendo videos educativos preparados por sus propios profesores, escuchando podcasts o consultando páginas webs recomendadas por los maestros. Y por otra, que en la clase el docente se centre en resolver dudas, plantear proyectos, problemas y hacer experimentos. En el aula invertida, por lo tanto, el objetivo del maestro ya no es transmitir contenidos como hasta ahora, sino que los alumnos los alcancen. La innovación radica en plantear que el trabajo de los docentes no es enseñar, sino hacer que los alumnos aprendan, que son cosas diferentes.

La innovación radica en plantear que el trabajo de los docentes no es enseñar, sino hacer que los alumnos aprendan, que son cosas diferentes

Pero ¿están preparados los docentes para alcanzar este reto? Somos capaces de aceptar que el alumno puede obtener información en un tiempo y un lugar que no requiere la presencia física del profesor? La clase invertida convierte el aula en un espacio de trabajo activo tanto para los profesores como para los alumnos y fomenta la creatividad y el pensamiento crítico. El alumno aprende a su ritmo, enfrentándose a problemas complejos, haciéndose preguntas y trabajando en grupo. Los docentes pueden atender a los alumnos de manera más individualizada y, por tanto, los estudiantes se implican más.

Es evidente que este sistema no es aplicable a todas las áreas del conocimiento ni en todas las escuelas del mundo porque, ante todo, es necesario que los centros dispongan de los recursos necesarios y los alumnos, del dominio adecuado de la tecnología. Lo que es cierto, y aquí es donde coinciden todos los expertos, es que si se dieran estas condiciones, la metodología del aula invertida sería más eficaz que la del aula tradicional. Sobre todo porque, poniéndola en práctica, s’e abarcan todas las fases del ciclo de aprendizaje que establece la Taxonomía de los objetivos de la educación o Taxonomía de Bloom: conocimiento, comprensión, aplicación, análisis, síntesis y evaluación. Con los métodos actuales, apenas se llega al segundo nivel.

Bergmann y Sams vieron claro el éxito de la clase invertida en sus reuniones con los padres de los alumnos poco después de empezar a aplicar el nuevo sistema. En lugar de preguntarles si sus hijos se comportaban bien en clase o si estaban atentos, los padres les preguntaron si los niños estaban aprendiendo lo que los profesores les estaban enseñando. ¿Están preparados los profesores para encajar esta pregunta?

 

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