Conectados en soledad

Conectados en soledad

Las nuevas tecnologías, ¿nos unen o nos aíslan?

¿Qué pasaría si vivieras el resto de tu vida sin móvil? El 70% de los jóvenes de entre 16 y 26 años se sentirían aislados, solos y en riesgo de exclusión, según un estudio del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud. La razón es que el reconocimiento general de las nuevas tecnologías y las redes sociales como el lugar donde se debe estar genera nuevos procesos de integración y exclusión entre adolescentes. Porque, como dice el estudio, “o todo pasa en las redes sociales o las cosas que pasan fuera se gestionan y se preparan en las redes sociales”. Por tanto, si no estás, corres dos “peligros”: que los amigos se olviden de ti y sentirte incomunicado.

De hecho, Sherry Turkle, profesora del Instituto Tecnológico de Massachussets que lleva años investigando cómo se relaciona la sociedad norteamericana con las nuevas tecnologías, ha observado que cada vez son más los jóvenes que sufren ansiedad cuando no tienen el móvil porque se han acostumbrado a compartir lo que sienten las 24 horas del día. No hacerlo durante un rato acentúa la ausencia de relaciones, que con las redes sociales están siempre presentes.

Las redes, pues, han cambiado la manera de relacionarnos con los demás, pero también la manera de relacionarnos con nosotros mismos. Turkle, que es autora del bestseller Alone Together (Juntos en soledad), apunta que, a pesar de las infinitas posibilidades que brinda la tecnología, las redes terminan erosionando la tolerancia a la soledad porque buscamos a la gente únicamente para no estar solos, no para crear verdaderos lazos afectivos. En una conferencia de la plataforma TED, la psicóloga explica que las tres fantasías que nos brinda tecnología -según ella, omnipresencia, atención 24 horas y sensación de no estar solos- hace que acabemos esperando más de la tecnología y menos de la gente”.

Sherry Turkle: “Las redes sociales terminan erosionando la tolerancia a la soledad”

Además, sin estas tres fantasías, sentimos que estamos perdiendo oportunidades. Pero cuando estamos conectados, nos estresamos cuando vemos (en Facebook, en Twitter, en Instagram) que los demás están haciendo cosas más interesantes que nosotros. Los americanos han bautizado este miedo social con el nombre de FOMO (fear of missing out, miedo a perderse algo). Según un estudio de JWT, tres de cada 10 personas de entre 13 y 34 años han experimentado esta sensación. Especialmente, cuando ven que sus amigos hacen cosas a las que no les han invitado a participar. Otra palabra de nuevo cuño, como informaba hace una semana El País, es nomofobia, el miedo a estar sin el móvil. En promedio revisamos el smartphone unas 150 veces al día. El 87% de los españoles lo tiene al lado las 24 horas y un 80% confiesa que lo primero que hace al despertar es mirar el teléfono, según un informe de la Sociedad de la Información en España de Telefónica.

Parece que si estamos conectados, nos sentimos menos solos. Pero quizás estamos “conectando” con tres o cuatro personas virtualmente desde el sofá de casa, es decir, solos físicamente. Precisamente, el escritor Jordi Soler hablaba hace unos meses en El País de la soledad social a la que nos invitan los móviles y las tabletas. “Estamos permanentemente distraídos, con la atención puesta en demasiadas cosas simultáneamente y eso nos hace vulnerables, hemos abierto demasiadas puertas y la atención que requiere atenderlas todas nos condena poco a poco a la individualidad, nos va convirtiendo en individuos que se bastan con ellos mismos, que pueden prescindir, cada vez con más confort, de la vida en comunidad”.

A pesar de reconocer las enormes virtudes de las nuevas tecnologías, Soler también ve necesario identificar sus defectos y, según él, el principal es que han conseguido “atomizar a la sociedad”. Si miramos atrás, comprobamos, por ejemplo, que el acto colectivo de sentarse alrededor del fuego se actualizó con el tocadiscos o la televisión durante el siglo pasado. Como el fuego, tanto la música como la tele eran “dos grandes pretextos para convivir con el otro”, pero hoy, insiste Soler, “este paisaje ha sido erradicado, se ha atomizado, cada individuo mira lo que quiere en su tableta, en su habitación y en solitario “.

¿Conexión o distracción? ¿Unión o aislamiento? Quizás las ganancias que implican las nuevas maneras de comunicarnos serán 100% ganancias cuando tomemos conciencia de las pérdidas que suponen.

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